Que el óxido nunca llegue a mis tuercas y por supuesto: ¡que el escenario me tiña las canas!
domingo, 2 de marzo de 2014
El resto del día era idiota. No valía la pena vivirlo. Lo mejor siempre sucedía en ese tejido de pequeñas nubes, en ese tejido absurdo que contenía la lluvia, la nada, el mareo, la locura, la mierda, las aves y la luz...
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