Querida Kitty:
"Un
manojo de contradicciones" es la última frase de mi última carta y la
primera de esta. "Un manojo de contradicciones", ¿serías capaz de
explicarme lo que significa? ¿Qué significa contradicción? Como tantas
otras palabras, tiene dos significados, contradicción por fuera y
contradicción por dentro. Lo primero es sencillamente no conformarse con
la opinión de los demás, pretender saber más que los demás, tener la
última palabra, en fin, todas las cualidades desagradables por las que
se me conoce, y lo segundo, que no es por lo que se me conoce, es mi
propio secreto.
Ya
te he contado alguna vez que mi alma está dividida en dos, como si
dijéramos. En una de esas dos partes reside mi alegría extrovertida, mis
bromas y risas, mi alegría de vivir y sobre todo el no tomarme las
cosas a la tremenda. Eso también incluye el no ver nada malo en las
coqueterías, en un beso, un abrazo, una broma indecente. Ese lado está
generalmente al acecho y desplaza al otro, mucho más bonito, más puro y
más profundo. ¿Verdad que nadie conoce el lado bonito de Ana, y que por
eso a muchos no les caigo bien? Es cierto que soy un payaso divertido
por una tarde, y luego durante un mes todos están de mí hasta las
narices. En realidad soy los mismo que una película de amor para los
intelectuales: simplemente una distracción, una diversión por una vez,
algo para olvidar rápidamente, algo que no está mal pero que menos aún
está bien. Es muy desagradable para mí tener que contártelo, pero ¿por
qué no habría de hacerlo, si sé que es la pura verdad? Mi lado más
ligero y superficial siempre le ganará al más profundo, y por eso
siempre vencerá. No te puedes hacer una idea de cuántas veces he
intentado empujar a esta Ana, que sólo es la mitad de todo lo que lleva
ese nombre, de golpearla, de esconderla, pero no lo logro y yo misma sé
por qué no puede ser.
Tengo mucho
miedo de que todos los que me conocen tal y como siempre soy descubran
que tengo otro lado, un lado mejor y más bonito. Tengo miedo de que se
burlen de mí, de que me encuentren ridícula, sentimental y de que no me
tomen en serio. Estoy acostumbrada a que no me tomen en serio, pero solo
la Ana "ligera" está acostumbrada a ello y lo puede soportar, la Ana de
mayor "peso" es demasiado débil. Cuando de verdad logro alguna vez con
gran esfuerzo que suba a escena la auténtica Ana durante quince minutos,
se encoge como una mimosa sensitiva en cuanto le toca decir algo,
cediéndole las palabras a la primera Ana y desapareciendo antes de que
me pueda dar cuenta.
O sea, que
la Ana buena no se ha mostrado nunca, ni una sola vez, en sociedad, pero
cuando estoy sola casi siempre lleva la voz cantante. Sé perfectamente
cómo me gustaría ser y cómo soy... por dentro, pero lamentablemente sólo
yo pienso que soy así. Y esa quizás sea, no, seguramente es, la causa
de que yo misma me considere una persona feliz por dentro, y de que la
gente me considere una persona feliz por fuera. Por dentro, la auténtica
Ana me indica el camino, pero por fuera no soy más que una cabrita
exaltada que trata de soltarse de las ataduras.
Como
ya te he dicho, siento las cosas de modo distinto a cuando las digo, y
por eso tengo fama de correr detrás de los chicos, de coquetear, de ser
una sabionda y de leer novelitas de poca monta. La Ana alegre lo toma a
risa, replica con insolencia, se encoge de hombros, hace como si no le
importara, pero no es cierto: la reacción de la Ana callada es
totalmente opuesta. Si soy sincera de verdad, te confieso que me afecta,
y que hago un esfuerzo enorme para ser de otra manera, pero que una y
otra vez sucumbo a ejércitos más fuertes.
Dentro
de mí oigo un sollozo: "Ya ves lo que has conseguido: malas opiniones,
caras burlonas y molestas, gente que te considera antipática, y todo
ello sólo por no querer hacer caso de los buenos consejos de tu propio
lado mejor". ¡Ay, cómo me gustaría hacerle caso, pero no puedo! Cuando
estoy callada y seria, todos piensan que es una nueva comedia, y
entonces tengo que salir del paso con una broma, y para que hablar de mi
propia familia, que enseguida se piensa que estoy enferma, y me hacen
tragar píldoras para el dolor de cabeza y calmantes, me palpan el cuello
y la sien para ver si tengo fiebre, me preguntan si estoy estreñida y
me critican cuando estoy de malhumor, y yo no lo aguanto; cuando se
fijan tanto en mí, primero me pongo arisca, luego triste y, al final,
termino volviendo mi corazón, con el lado malo hacia fuera y el bueno
hacia dentro, buscando siempre la manera de ser como de verdad me
gustaría ser y como podría ser... si no hubiera otra gente en este
mundo.
Tu Ana M. Frank
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